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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Moneda española Edad Moderna


El real de a ocho y el Thaler de María Teresa

foto El real de a ocho y el Thaler de María Teresa



PEDRO DAMIÁN CANO BORREGO. El continuo estado de enfrentamiento, abierto o larvado, entre el Imperio Otomano y España, no fue óbice para que existiesen relaciones comerciales que ya desde el siglo XVI fueron deficitarias para España, lo que supuso la salida de gran cantidad de moneda para saldarlas, y muy especialmente por los comerciantes catalanes y valencianos, que debían utilizar escudos de oro y reales de a cuatro y de a ocho para financiar dicho comercio. Asimismo, era elevada la cantidad de numerario que debía remitirse a los puertos corsarios norteafricanos para la redención de cautivos.


13-IX-2018. La moneda necesaria para alimentar el comercio de los países europeos, según Uztáriz, era adquirida directamente en Cádiz e introducida en el Imperio Otomano, con una ganancia de hasta un 10%, y de un 50% si era remitida a Estambul o a El Cairo. Esta moneda se sacaba, según este autor, desde los puertos de Salé, Tetuán, Argel, Túnez, Puerto Farina o Trípoli, activos centros corsarios, o procedía de los puertos de Génova, Liorna o Marsella, y uniéndose a la moneda remitida directamente desde los países de origen de los comerciantes, servía para la financiación del comercio con Egipto, Palestina, Anatolia y Esmirna, y llegaba en grandes cantidades a la capital otomana.

A mediados del siglo XVIII los pagos derivados de este comercio debían ser obligatoriamente realizados en reales de a ocho españoles, la única moneda aceptada en los lugares de destino, y eran habitualmente del tipo de cruz, previos a la acuñación de moneda redonda. En el puerto de Salónica, según Martín Corrales, la moneda preferida de sus habitantes era la de gran módulo acuñada en Sevilla o en México, si bien también había en circulación moneda de plata provincial acuñada en las cecas peninsulares.


Real de a 8 con resello de Arabia Saudí.

Esta moneda, como ponía de manifiesto Cipolla, salía prácticamente en su totalidad del Imperio Otomano con dirección a Persia y a la India, uniéndose a otro flujo, el que procedente de Rusia introducía en Persia reales de a ocho para compensar su deficitaria balanza comercial. Otra ruta de entrada de plata en Oriente pasaba por los puertos del Mar Rojo y estaba relacionada con el comercio del café de Yemen. En el siglo XVIII el Mar Rojo siguió siendo la arteria vital para la llegada de los reales de a ocho a la India.


Real de a8 de Méjico 1806 con resello de Omán.

Según Tavernier, en 1681 otra fuente importante de llegada de plata española a Persia era el comercio de los armenios, que vendían en Europa su seda. Los comerciantes intentaban transportar furtivamente su plata a través de la misma, dado que los oficiales de comercio persas obligaban a sus tenedores a reacuñarlas en abbassis lo que suponía que, una vez que entraban en la India, deberían ser nuevamente reacuñadas en piastras, lo que implicaba una importante pérdida para ellos. Según este autor, era preferible llevar a la India reales de a ocho sevillanos, dado que eran preferidos a los mexicanos y a los de otras procedencias.


Real de a 8 de 1796 con resello de Sudán.

Mientras esto sucedía, durante los cuarenta años de reinado de la emperatriz María Teresa, fallecida en 1780, se habían acuñado más de treinta millones de monedas en Thalers, o táleros, más que cualquier otra moneda de la época, salvo los reales de a ocho españoles. A partir de ese momento se siguieron batiendo hasta el año 2002, siempre con la fecha de emisión de su fallecimiento.


Thaler de María Teresa

Desde una década después de su acuñación estos táleros alcanzaron la Península Arábiga en las rutas del comercio del café en Adén y Moka, un producto que era remitido a Viena vía Trieste, Grecia y otros puertos mediterráneos. La moneda fue asimismo utilizada por los comerciantes judíos, turcos y armenios en los centros comerciales de El Cairo, Alejandría, Trípoli, Túnez y Argelia, desde donde se introdujo en las rutas caravaneras del Sahara y en el interior de Arabia, Egipto, Sudán y Etiopía. Circularon ampliamente asimismo en el Imperio Otomano. Desde mediados del siglo XIX y hasta 1960, el Thaler de María Teresa tuvo en el mismo consideración de moneda de curso legal.

Según Humboldt, en 1827 las relaciones comerciales de Austria con el Imperio Otomano suponían la salida de un millón y medio de pesos. Entre las teorías y razones para explicar su rápida aceptación y extensión se encuentra la que afirma que la decadencia del poder del Imperio Otomano coincidió con la expansión de la llegada de remesas debida entre otros motivos al incremento del comercio y el contrabando de armas realizados por las potencias europeas. Con la restricción de las importaciones de algodón norteamericano durante la Guerra de Secesión se incrementó asimismo el comercio de los países europeos con la India, Egipto y Sudán, siendo el Thaler la moneda con la que se adquirió esta materia prima.

A ello hemos de sumar el hecho de que, tras tres centurias en las que los reales a ocho españoles habían sido una moneda que se hallaba en el mercado en grandes cantidades, las independencias de las nuevas repúblicas iberoamericanas trastocaron el flujo monetario a nivel mundial. Por ello, en amplias áreas del norte de África y del Levante, donde ambas monedas se complementaban, el Thaler llegó a imponerse en el comercio.


Tálero de María Teresa con resello de Qua iti.

De su estimación da fe el hecho de que en fecha tan tardía como 1867 el ejército británico tuviese que pedir a la ceca de Viena la acuñación de cinco millones de táleros para hacer frente a los gastos de la expedición de Sir Robert Napier a Etiopía para rescatar al cónsul británico y otros rehenes del emperador Theodore. En 1935 Mussolini pidió a Austria sus troqueles para financiar su ocupación de Etiopía, y habiéndolos obtenido, el gobierno del Reino Unido con el consentimiento de la Cámara de los Comunes ordenó a la ceca de Londres acuñar más de cuarenta millones de estos táleros de María Teresa.

Conclusión

Como afirmaba Paradaltas, director de la Casa de Moneda de Barcelona en 1847, a mediados del siglo XIX los reales columnarios se seguían aceptando en Levante “sin más consideración que el sello que llevan”, y consideraba que su transporte como pago a los países que los aceptaban con preferencia a cualquier otra moneda era favorable para España, dado que con ello se obtenía un beneficio más o menos crecido. Para este autor, se debería atraer la plata en pasta a las Casas de Moneda para que no faltasen los duros necesarios para la circulación interior.

España podría haberse constituido para él en el fabricante de la moneda metálica necesaria para el comercio de las demás naciones con Levante, la India y parte de África, pero la especulación realizada con los reales columnarios los había hecho desaparecer, al no volver a acuñarse otros nuevos para sustituir a los que salían. Esta política monetaria apuntada por Paradaltas fue llevada a cabo por los monarcas austriacos, con la emisión de uno de los principales competidores del real de a ocho en Oriente Medio, los famosos táleros de María Teresa.

CHAUDHURI, K.N., The Trading World of Asia and the English East India Company: 1660-1760, Cambridge University Press, New York, 1978.
CIPOLLA, C.M., La Odisea de la plata española. Conquistadores, piratas y mercaderes, Barcelona, 1996.
GUNDER FRANK, A., ReOrient: Global Economy in the Asian Age, University of California Press, 1998.
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Pedro Damián Cano Borrego


 

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