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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Subastas nacionales


Última subasta de Áureo antes del verano

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La casa barcelonesa Áureo & Calicó ha celebrado el pasado día 1 su última subasta antes del paréntesis de las vacaciones de verano. De nuevo, un gran porcentaje de ventas en todas las secciones, desde moneda antigua hasta billetes.


            Eran 790 lotes los que salían a subasta el pasado viernes en Barcelona, en la última convocatoria de la firma Áureo & Calicó antes del verano, entre los que encontrábamos una amplia oferta que iba desde moneda antigua hasta contemporánea, pasando por medallas y billetes.

            La subasta se iniciaba con los lotes de moneda griega (lotes 1-14), entre los que predominaban emisiones de los distintos reinos helenísticos. El precio más alto de esta sección, sin embargo, lo obtuvo una tetradracma ateniense con la lechuza (lote nº 4), fechada en la segunda mitad del siglo V, que partía de un precio de 500 euros y se remató en 1600, el doble de lo estimado.

            Avanzando en el tiempo, también vivió una subida considerable un denario imperial, con los retratos de Augusto y Calígula (lote nº 65) con un precio de salida de 300 euros, una estimación de 500 y adjudicado finalmente en 1200 euros.

            No ha sido esta, sin embargo, la tónica general de la subasta, donde, en la mayoría de los casos, no se han superado los cálculos de remate iniciales. Así sucedió con el denario de Claudio I (lote nº 66), con salida en 750 euros y una estimación del doble de esta cantidad, que fue adjudicado en 1400 euros.

            Una de las subidas más cuantiosas de la subasta, y uno de los precios más altos, lo obtuvo en la puja un áureo a nombre de Aureliano (lote nº 111) con un tipo de reverso alusivo a la Concordia del ejército, que tenía en catálogo un precio inicial de 2500 euros y una estimación de 4000, pero que finalmente se remató en 6300.

            El capítulo de moneda bizantina merece un pequeño comentario, ya que se vendieron todos los lotes ofertados (nº 132-145), no sólo las piezas áureas, sino también las de plata. Si bien los remates no alcanzaron altas cotas, ya que los precios iniciales eran muy bajos –encontrábamos monedas desde 25 euros- en algunos de ellos vimos adjudicaciones por más del doble del precio inicial y por encima de las estimaciones publicadas.

            A continuación, la sección de moneda hispánica antigua no ofrecía, a priori, piezas especialmente raras o valiosas, aunque sí una oferta variada. Habíamos comentado desde estas líneas la presencia de un as de la ceca celtibérica de karalus como una de las monedas más interesantes por su relativa escasez; sin embargo, esta pieza que tenía un precio en catálogo de 500 euros, no se vendió. El precio más alto de esta sección lo obtuvo una hemidracma de Ebusus (lote nº 157) que, desde los 400 euros iniciales se remató en 750.

            Mucho más interesante estuvo la puja en el capítulo dedicado a las acuñaciones visigodas (lotes nº 176-185). Para empezar, la primera de las monedas, un triente de imitación a nombre de Justino I (lote nº 176), ya se adjudicó por el doble de su salida, esto es, en 1000 euros. Por el contrario, una interesante pieza como era el tremissis de Witerico acuñado en Elvora (nº 179), con salida en 1500 euros y una estimación de 2500, quedó sin vender.

            La estrella de esta sección era el lote nº 184, un tremissis de Suinthila acuñada en Bracara (lote nº 184), emisión de la que sólo están publicados 3 ejemplares, que partía de un precio en catálogo de 1500 euros y una estimación del doble, pero que fue rematada en 8000, convirtiéndose en el segundo lote más caro de la subasta.

            De las emisiones andalusíes, habíamos destacado en su momento la belleza de los dinares almorávides (lotes 188-191) que partían de unos precios entre 800 y 900 euros pero que apenas se despegaron de su precio inicial y no llegaron a las expectativas previstas. Lo mismo sucedió con el mancús acuñado por Ramón Berenguer I (lote nº 198) que se adjudicó por los 700 euros de salida, o con el ducado de Fernando I de Nápoles (lote nº 215), que se quedó en los 1100 euros de catálogo.

            La dobla de 35 maravedíes de Pedro I subió desde 1200 euros iniciales a 1900, sin alcanzar la previsión inicial de 2000 euros de adjudicación. De las dos doblas de la banda de Juan II (lotes 240 y 241), la primera de ellas se remató en 1200 euros y la segunda apenas superó el precio inicial, adjudicándose en 823 euros. Tampoco despegó el Enrique de la Silla (lote nº 242), que sólo subió 100 euros con respecto al precio del catálogo y se quedó en 1200. Mayor aceptación tuvo un real de Alfonso V de Portugal (lote nº 247) que se adjudicó en 1900 euros cuando partía de 900 y una estimación de 1500.

                El nutrido capítulo de monarquía hispánica tenía su parte más interesante, por valor y cotización de las piezas, a partir de los primeros borbones. Una de las piezas estrella de la subasta era el medio escudo acuñado en Mallorca por Felipe V (lote nº 313), que partía de un precio en catálogo de 6000 euros y una estimación de 9000, pero que se quedó sin vender. Tampoco puede decirse que tuvieran gran éxito las onzas, ya que, si bien se vendieron en un alto porcentaje, los remates apenas superaron los precios de salida y quedaron en su mayoría bastante alejados de las estimaciones iniciales. Así por ejemplo, las piezas nº 317, adjudicada en 2400 euros, partiendo de 1800 y con una estimación de 3000; o la nº 376, que se quedó en los 1500 de salida.

            Ya con el inicio del siglo XIX encontramos en plata la pieza de 20 reales (lote nº 478) acuñada en Barcelona por Fernando VII en 1823 con salida en 900 euros, y una estimación de 2000, que se remató en el precio inicial. Algo posterior, una prueba no adoptada de cinco pesetas de Manila, acuñada por Isabel II (lote nº 564), se convirtió en el lote más caro de la subasta, al adjudicarse por 9400 euros, algo más de la estimación inicial, que era de 9000, y del precio inicial de 7000 euros.

            La representación de emisiones monetarias del siglo XX contaba con lotes de gran interés y rareza desde las pruebas no adoptadas para piezas de Alfonso XIII (lotes nº 626 y 631), la primera para cincuenta céntimos de 1926 y la segunda de una peseta de 1904, pero que quedaron muy lejos de la estimación calculada: el lote 626 se adjudicó en el precio de salida de 900 euros y el nº 631 en 2700 cuando el precio en catálogo era de 2000 y la estimación de 4000 euros.

            Las series monetarias de la II República comenzaban con una moneda de 10 céntimos de 1938 (lote nº 660), que partía de 1200 euros y se adjudicó en 1400. Bastante más subió la prueba no adoptada para una pieza de 25 céntimos de 1937 que salía a subasta con el nº 661 con el mismo precio inicial de la anterior y se remató en 2200 euros. A partir de 1500 euros salió a la puja otra prueba de peseta en níquel de 1937 (lote 662), probablemente una de las primeras fabricadas en la ceca de Castellón tras su traslado motivado por la Guerra Civil que se adjudicó en 1750 euros.

            Entre las series de Franco encontrábamos otra prueba no adoptada (lote nº 669), de 80 reales (1 peseta) de 1943, en calidad sin circular y rara, que subió desde los 1500 euros en catálogo hasta 2400, aunque sin alcanzar los 3000 de la estimación publicada.

            El capítulo de moneda extranjera presentaba una variada oferta (lotes 682-740) con piezas de considerable valor, que, sin embargo, no tuvieron demasiado éxito en la subasta. Por ejemplo, la moneda japonesa del periodo Tempo que salía con el nº 722 por 2000 euros, se quedó sin vender, como ocurrió con el conjunto de monedas monegascas (lote nº 727). Por su parte, la moneda de cinco libras de de 1887 la reina Victoria, (lote nº 713), con salida en 1300 euros se quedó en su precio inicial y los 5 pahlavi de Irán de 1960 (lote nº 715), subieron desde los 900 euros iniciales hasta 1150, aunque muy alejados de la estimación fijada en 1500.

            La subasta en sala terminaba con los capítulos dedicados a medallas (lotes 741-752) y billetes (lotes nº 755-775). Destaca el buen resultado en porcentaje de ventas en ambos apartados, y algunas subidas destacadas, sobre todo en el segundo. Una acción de la Real Compañía de San Fernando de Sevilla emitida en esa ciudad en 1748, por doscientos y cincuenta pesos de a quince reales de vellón (lote nº 755) partía de 700 euros, y superó los 1100 estimados al ser adjudicada en 1200. Pero fue mayor la subida del lote nº 774, del Banco hispano filipino, que duplicó su precio de salida, que era de 600 euros, y la estimación, cuando se remató también por 1200.


Autor/a: Redacción

 

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