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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Oro, Plata, Platino, Paladio


"Metales divinos"



Es importante aclarar, que los que desde hace años venimos aconsejando la inversión en metales preciosos y advirtiendo acerca de la volatilidad y la peligrosidad de depositar ciegamente la confianza en el dólar y otros papeles pintados, no somos, ni gurúes, ni iniciados en ciencias ocultas, ni clarividentes solidarios, ni nada que requiera de exorcismos, purificaciones con brebajes santificados, ni nada de eso.


En todos nuestros anteriores artículos, se pueden encontrar las argumentaciones lógicas que justificaban en cada momento los motivos por los cuales persistimos, casi como un mantra, en aconsejar el posicionamiento en metales preciosos como inversión a largo plazo, advirtiendo que, al mismo tiempo, podían producirse ajustes a la baja por diversos motivos de momento, para retomar la tendencia a la subida, tal y como ha sucedido.

Lo importante ahora es, nuevamente, volver a utilizar el mismo método que nos llevó a evaluar correctamente la tendencia en su momento, con el simple ejercicio de preguntarnos
¿Hay motivos suficientes como para pensar que los daños producidos por el tsunami hipotecario ya ha finalizado?

¿Los problemas causados, y los derivados por ellos, ya han sido solucionados o, por lo menos, controlados? ¿O, acaso, no solo hay problemas que persisten, sino que además los actuales que asoman producen más temores y dudas que confianza en los mercados?

Este saludable método impide justamente que seamos “poseídos” por aquellos que, tratando de salvar solo sus propios intereses (sin medir otra vez las consecuencias), nos tratan de distraer con grandes G20´s donde hablan de encontrar equilibrios financieros que terminen con la no abiertamente declarada “guerra de divisas”, mientras al mismo tiempo Helicopter Ben vuelca al mercado 600.000 millones de dólares para darle supuestamente competitividad al dólar frente al yuan sin ningún complejo ni remordimiento.

Si antes de la última reunión del G20, la puja entre actores de peso como los EE.UU y China generaba temores y sospechas de desequilibrios macro para todos los integrantes del grupo, después de dicha reunión y gracias a las medidas tomadas en paralelo por la Reserva Federal de Estados Unidos FED, lo único que lograron fue transformar esos temores en pánico.

La desesperación del todavía número uno (aunque por poco tiempo), tiene tres patas:
Su déficit sigue creciendo descontroladamente (500.000 millones éste año)
Su tasa de desempleo llega al 10 %.
Están convencidos de que la solución a los dos anteriores problemas está en lograr que China modifique su paridad cambiaria.

Si pensamos que la decisión de la FED fue tomada y ejecutada en la convicción de que China se someterá a la presión y modificará su subvaluada paridad para cederle competitividad al dólar renunciando a la propia, podemos estar frente a la pregunta del millón y enfrentarnos a partir de aquí a las consecuencias de esa buena o mala evaluación.

La mía es que lo poco que ha cambiado es para peor, y que nuestro mantra continuará sin cambios por ahora.

Aunque China acepte tomar algunas medidas “políticas” que de momento den un poco de distensión y alivio (nuevo aumento de tasas, pequeña corrección cambiaria) y que ayuden más a la ya caída imagen norteamericana, creo que nada cambiará en el largo plazo.

No a los papeles pintados. Si a los metales preciosos, que de seguir en esta situación se rebautizarán más que como “metales preciosos”, como “metales divinos”.

Mientras tanto, el resto del mundo (que también existe) es obligado a tomar medidas proteccionistas hacia sus mercados internos de la única manera que hoy se les permite: devaluando sus propias divisas antes de ser invadidos por la nueva generación de “guerreros comerciales”.

En ésta película global de patético suspense, lamentablemente es real, la mayor parte del planeta es obligada a ser espectadora pasiva de una trama en la que participan dos grupos de actores: En el primer grupo, todos actúan de policías buenos que, después de una siempre correcta evaluación saben que están frente a un crimen, y cuál debe ser su castigo; y, en el segundo grupo, todos actúan de médicos que después de un siempre correcto diagnóstico, saben cuál es la enfermedad, que es contagiosa, y cuál es su cura.

El problema grave, es que nadie acepta hacerse cargo del crimen y pagar sus culpas, ni nadie acepta estar enfermo para ser aislado, someterse a la cura y cortar el contagio.

Sin culpable ni enfermo a la vista la posibilidad de nuevos crímenes y contagios son un hecho.

Un poco de humor e ironía, pero mucho más de realidad.

El único antídoto que nos puede proteger de ésta infección global, tiene cuatro componentes: Oro, Plata, Platino y Paladio. Metales “divinos”.

Sergio Sztycberg
Metales Venus S.A

 

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