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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Medallas. órdenes y condecoraciones


Tomás Francisco Prieto (y II). Las Academias y la producción artística.

foto Tomás Francisco Prieto (y II). Las Academias y la producción artística. foto:



No se puede entender el desarrollo de la medallística en la España del siglo XVIII sin fijarnos en el papel primordial que tuvieron las Academias, instituciones esenciales en el contexto artístico y cultural de su época: la Ilustración.


            El desarrollo de la medallística española en el siglo XVIII debe mucho a la francesa, tanto en técnica como en estilo y, por supuesto, por la poderosa razón que supone el que una dinastía francesa ocupe el trono. A semejanza del país vecino, la medalla se asume en España como una cuestión de estado, de modo que es el propio rey por medio de las Academias, quien encarga y elige proyectos. Es en este marco en el que debemos situar la producción de medallas de Tomás Francisco Prieto.

            Ya hemos hablado del papel de Prieto como profesor en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde sus primeros cursos, aunque ahora vamos a comenzar fijándonos en su relación con la Real Academia de la Historia, un aspecto bastante menos abordado.

            Uno de los primeros testimonios de su colaboración con esta institución podría ser la elaboración de una medalla “en estampa”, que nunca se llegó a fundir, dedicada a Fernando VII como protector de la Real Academia de la Historia. Es probable que el diseño fuera ideado por Luis José Velázquez en cuya obra ya citada Ensayo sobre los alfabetos... publicada en 1752, figura su ilustración y que el grabado, que muestra al rey laureado y con túnica, con leyenda y titulatura latinas, fuera obra de Tomás Francisco Prieto.



            Hay que recordar que durante el reinado de Fernando VI sólo dos hechos se conmemoraron mediante la realización de medallas: la subida al trono del soberano y la victoria de Juan Balansó contra la flota argelina. Esta última rememora el hecho heroico que tuvo lugar en 1757, cuando una pequeña nave al mando de Balansó hizo volar por los aires una galera argelina frente a las costas de Mataró.
            Algunos años antes, en 1752, Prieto había diseñado una medalla con una temática parecida, conmemorando el combate en el que Pedro Fitz Stuart destruye la nave Capitana de Argel, pero que no llegó a acuñarse, y cuyo dibujo se conserva en la Real Academia de la Historia.

            La llegada al trono de Carlos III fue celebrada con dos diferentes medallas de cuyo diseño se ocupó Pedro Rodríguez de Campomanes, académico de la Historia, por encargo de la reina madre Isabel de Farnesio. En ambos casos se eligió representar la proclamación real, en el primero  de ellos mostrando en el reverso la personificación de España como una figura femenina vestida al modo clásico, con armadura, casco y manto, sosteniendo el pendón real, y en el segundo, se muestra al alférez real en la ceremonia de alzamiento del pendón real frente a un grupo de gentes que aclaman el acto. En esta segunda medalla, de mayor tamaño que la anterior, Prieto hizo más realista el retrato del rey y, debido a la premura de tiempo, encargó a su discípulo Jerónimo A. Gil, el grabado del reverso. 

 

            También se encomendó a la Real Academia de la Historia el diseño de la conocida medalla conmemorativa del establecimiento de las colonias de Sierra Morena (1774). Se realizaron cinco bocetos, de los que finalmente se eligió el elaborado por Jerónimo Antonio Gil, quien recreaba en el reverso aquellas ideas aportadas por los académicos y que encontramos en otros contextos coetáneos. Las alusiones al mundo clásico son claras, desde la yunta fundacional tan habitual en las series romano-provinciales hispánicas, hasta las personificaciones de Hispania (con escudo y dos lanzas), la Agricultura y la Industria, dos de los pilares del desarrollo que preconizaba Campomanes. Los encargados de materializar la medalla fueron Tomás Francisco Prieto para el anverso y Gil para el reverso.



            Más evidente y constante es la colaboración con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Uno de los trabajos más conocidos de Prieto para esta institución fue la realización de los premios de la Academia en cuyo anverso debía figurar la imagen del santo patrón. Diversas pruebas abiertas en plomo de estas medallas se conservan en los fondos del Gabinete Numario de la Real Academia de la Historia donados por Ignacio de Luzán quien, como vimos, debió ser el introductor de Prieto en los ambientes ilustrados de su época.

            Parece claro que el papel de la Academia de San Fernando con Tomás F. Prieto como profesor fue esencial en el resurgir del arte del grabado en España. Prueba de ello es que en 1753 se le asignaran tres discípulos, entre ellos el que sería su mejor sucesor, el reputado Jerónimo Antonio Gil, y que en 1754 había cuatro pensionados en París especializándose en distintas facetas de esta disciplina artística.

           

El primer proyecto importante que emprendió Prieto en relación con la Academia fue el diseño de las medallas de Premio, un total de seis entre las distintas categorías, que representaban en los anversos a San Fernando en diferentes escenas, siempre como rey sosteniendo la espada y el mundo. La idea de premiar con medallas a los ganadores de los concursos convocados por la Academia se tomó, una vez más, de las academias francesas. Fernando VI apoyó el proyectó y en 1753 Prieto se ocupó tanto del dibujo como de los troqueles de las medallas.  

           

 

           Un excelente ejemplo de cómo se gestaban los diseños de las medallas oficiales en la época es toda la documentación que conocemos acerca de la elaboración de la pieza dedicada a la “Defensa del Castillo del Morro de La Habana”. Esta medalla recuerda la heroica defensa que realizaron los capitanes Luis de Velaso y Vicente González del castillo del Morro en La Habana frente a las tropas inglesas en 1762. La iniciativa partió de la Academia de San Fernando, pero había de contar con el permiso real para su acuñación, aunque el propio monarca se implicó además en ciertos aspectos de su diseño, como fue la inclusión de la figura de Vicente González y no sólo de Luis de Velasco, como estaba previsto en un principio. Las actas de la Academia, así como diversa documentación, recogen, por ejemplo, las distintas sugerencias para las leyendas y los diferentes trámites hasta su realización en 1763, con la intervención de académicos y políticos.



            Poco tiempo después, en 1765, el rey, por medio de la Academia de San Fernando, encarga a Tomás F. Prieto la elaboración de la medalla conmemorativa del matrimonio del príncipe Carlos, el futuro Carlos IV, con su prima María Luisa de Parma. Esta medalla estaba destinada a distribuirse como regalo diplomático, sustituyendo a la de aclamación de Carlos III que en palabras del propio rey, había quedado “anticuada”. Antes de la elección del definitivo, se realizaron al menos cuatro proyectos, conservados en al Archivo Histórico Nacional, con la colaboración de académicos de la Historia como Eugenio Llaguno y Amírola o Ignacio de Hermosilla.

            El trabajo resultante presenta en el reverso los bustos de los contrayentes en un estilo que, por primera vez en el trabajo de Prieto, idealiza los retratos. Parece que fue el pintor Antón Rafael Mengs, principal introductor del neoclasicismo en España y amigo de Prieto, quien convenció al grabador para que suavizara los rasgos de los novios, en una medalla que, además, presenta una gran complejidad técnica por su volumen.



            La relación de Prieto con la Academia de Bellas Artes de San Fernando le llevó también a tomar parte en uno de los ambiciosos proyectos recopilatorios de las antigüedades españolas, el de Antigüedades Árabes que capitaneó José de Hermosilla, participando en las láminas realizadas sobre la Alhambra de Granada y la mezquita de Córdoba. En concreto, se le atribuye el grabado del conocido Jarro de las Gacelas, a partir del dibujo de Diego Sánchez Sarabia, fechado en 1775, que se conserva actualmente en la Calcografía Nacional.

            La producción medallística de Tomás Francisco Prieto se extendió a otras instituciones, como la Real Academia Militar de Matemáticas de Barcelona, las Escuelas de Artillería de Barcelona y Cádiz y las Reales Sociedades Económicas, especialmente las de Madrid, Sevilla y Vascongada, etc.; y tampoco podemos dejar de mencionar sus medallas de premio “Al mérito” y “Al varón esforzado”. Toda una obra que le hizo merecedor de su fama como uno de los mejores grabadores de medallas que ha dado la historia del arte español.

Para saber más:

Martín Almagro-Gorbea; María Cruz Pérez Alcorta y Teresa Moneo, Medallas españolas. Real Academia de la Historia, Madrid, 2005.

Marina Cano, Catálogo de medallas españolas. Museo del Prado, Madrid, 2005.

Julio Torres, “Tomás Francisco Prieto. Su vida y su obra”, en Libros de un grabador del XVIII. Museo Casa de la Moneda [Catálogo de exposición], Madrid.

Elvira Villena, El arte de la medalla en la España ilustrada, Madrid, 2004.

Isabel Rodríguez Casanova

Autor/a: Isabel Rodríguez Casanova

 

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