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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Billetes


Obligaciones puestas en circulación como papel moneda

foto Obligaciones puestas en circulación como papel moneda foto:



La emisión de moneda siempre ha sido un privilegio reservado a la autoridad del estado, ya que ello representa uno de los símbolos fundamentales del poder estatal y además es una importante fuente de financiación del mismo. Contrariamente, el papel moneda se consideraba, hasta tiempos muy recientes, únicamente como un instrumento financiero, o como representación de la moneda, por lo cual el estado no asumía, generalmente, su emisión aunque si ejercía, dada su importancia económica, su regulación.


En España el estado ha ejercido su poder regulatorio sobre el papel moneda otorgando su emisión, a una o varias entidades, según el momento histórico, supervisando el volumen puesto en circulación y las garantías de convertibilidad en auténtica moneda.

La emisión de papel moneda supone, en principio, una fuente de importantes beneficios para las sociedades emisoras, por lo que existe la posibilidad de que entidades que no poseen ese privilegio, en su deseo de incrementar sus beneficios, emitan papel moneda de forma fraudulenta. Los inconvenientes para realizar esta emisión fraudulenta son la capacidad punitiva del estado y la aceptación por parte del comercio y los particulares de estos documentos como medio de pago y compra.

La puesta en circulación de papel moneda es el sistema de financiación más económico existente: Se adquiere una cantidad de efectivo, metálico o papel moneda de mayor garantía, sin pagar intereses, y con el único inconveniente, que la devolución, en moneda de curso legal, debe de hacerse, a petición del portador, de forma inmediata. Por ello las entidades que necesiten efectivo, intentarán, siempre que el mercado lo acepte, buscar el sistema más económico de financiación, es decir, procurarán emitir papel moneda.


En España, a partir del momento en que se hizo presente el papel moneda, de autorización estatal, como dinero de circulación, aparecieron otros documentos que, emitidos por sociedades financieras o industriales, también fueron aceptados por el comercio y los particulares como “dinero”, aunque su origen fuese ilegal.

Durante el periodo en el que hubo pluralidad de bancos emisores, todas las entidades de crédito recurrieron a la emisión de obligaciones como alternativa a la emisión de papel moneda, especialmente a partir de 1856.

A partir de la ley de marzo de 1874, que reservaba el privilegio de la emisión de papel moneda al Banco de España, alguno de los bancos que perdieron el poder de emisión, así como algunas entidades de crédito, comenzaron a emitir obligaciones al portador, con la finalidad de que éstas desempeñasen la función de billetes.

Para evitar el fraude y solucionar la posible confusión entre obligaciones y billetes, se establecieron, por parte del estado, las condiciones mínimas de emisión que debería tener una obligación: Ser al portador, no ser reembolsable antes de 30 días a partir de la fecha de emisión, dar interés y estar grabada con el impuesto del Timbre. Con estas pobres condiciones era inevitable que determinadas obligaciones circularan como papel moneda.

A pesar de toda la normativa, como ya hemos dicho, algún banco, bastantes entidades de crédito y hasta sociedades industriales, emitieron obligaciones que circularon, hasta mediados de los años 30 del siglo XX, en áreas restringidas de sus zonas de influencia, como billetes bancarios.

Muchas de las sociedades de crédito que emitieron obligaciones para ser utilizadas como papel moneda también emitieron otras obligaciones para consolidar deuda a medio o largo plazo. Para incluir una obligación como billete, es decir, incluirla en una colección notafílica, habrá que tener una mínima seguridad de que ésta se empleó como elemento de pago de forma más o menos habitual en transacciones comerciales.

Es muy difícil, saber, con absoluta certeza, si una obligación ha cumplido el papel de billete bancario, pero sí podemos con algunos criterios sencillos, válidos si se complementan entre ellos, aproximarnos a la realidad. Los criterios que proponemos para diferenciar las obligaciones utilizadas como papel moneda de las empleadas como elemento de ahorro e inversión son los siguientes.


Criterio de contemporaneidad o de conocimiento real:
Una obligación se ha utilizado como billete, cuando personas o entidades de la época en la que estaba en vigor su validez, así nos lo confirman a través de referencias escritas en informes o memorandos. Por otra parte, la documentación conservada de algunas entidades bancarias o crediticias manifiestan, sin ninguna duda, que sus obligaciones fueron puestas en circulación como billetes bancarios y en otras ocasiones existe constancia de denuncias de sus competidores a las autoridades competentes quejándose del fraude de ley.



Criterio de autoridad:
Determinadas obligaciones se ha dicho que han circulado como billete, cuando así ha sido mencionado por publicaciones o autores de prestigio. Este criterio es, quizás, poco fiable pues las publicaciones o autores que han estudiado estos temas desde el punto de vista histórico - económico lo han hecho de forma muy limitada, bien refiriéndose a una única entidad, bien a un pequeño grupo geográfico, por lo que generalizar sus conclusiones es arriesgado.

Criterio geográfico:
En determinadas zonas, se conoce, con certeza, que han circulado obligaciones, durante largos periodos de tiempo, como papel moneda, debido al interés y prestigio de la entidad emisora, unido a la cultura económica de la población de la zona. Las dos zonas más conocidas, en las que ha concurrido esta utilización, son las del entorno de la ciudad de Tarragona, la de las islas Baleares y la Andalucía Occidental.



Criterio de utilización:
Debe de existir el deseo del emisor de la obligación, de utilizar ésta como billete bancario. También podíamos definir este criterio, como criterio de rentabilidad. Es el criterio fundamental de evaluación.

La causa de que una entidad financiera o industrial se arriesgase al incumplimiento de la ley, con las consiguientes sanciones, sería el lucro que obtuviese.

Al ser una obligación, un instrumento que generaba intereses, éstos tenían que ser suficientemente bajos, para que compensasen los gastos físicos de emisión y de financiación. A partir del último tercio del siglo XIX, las obligaciones que circularon como billetes tienen que tener intereses muy por debajo del mercado oficial, rayando con el interés cero.

Como ejemplo, las obligaciones que se conocen con utilización clara como papel moneda, como las ya mencionadas de las zonas de Tarragona y Mallorca, tenían intereses muy por debajo del 1%, mientras que los intereses de la deuda pública y las obligaciones emitidas por entidades bancarias particulares, oscilaban entre el 4 y el 8 %. Tipos normales de intereses de obligaciones bancarias eran del 8% en 1872, 6 % en 1918 y 7% en 1929. Esto nos indica que aquellas obligaciones tenían un uso diferente al de elemento de inversión, puesto que eran aceptadas con intereses muy inferiores a los de otras entidades de mayor garantía crediticia. Si un particular aceptaba estos documentos, no lo hacía a título de inversión para el cobro de intereses, sino como un medio de pago útil y sencillo.



El deseo de utilización como billete por parte de las entidades bancarias es paradigmático en el Banco de Felanitx, el cual en su emisión de 1889, expresa que acepta la devolución del nominal de la obligación, de forma inmediata, si se renuncia al cobro de los parcos intereses y todavía se visualiza mejor con la sociedad “El Gas” de Soller, cuyas obligaciones presentan un reverso, con un dibujo repetido cuatro veces para que al ser doblada la obligación imite a un billete del Banco de España.



Criterio de conservación o aspecto físico:
Aunque parezca un criterio, no solo subjetivo, sino de muy poca entidad, el aspecto físico de una emisión de obligaciones nos dirá mucho sobre su utilización.

Cuando nos encontramos con una emisión cuyos ejemplares se hallan, generalmente, en muy buen estado de conservación debemos poner en duda su utilización como billete. Por lógica, y así ocurre con los billetes bancarios, el papel moneda al tener una utilización continua, presenta aspecto muy envejecido y con graves deterioros.

Para efectuar una catalogación de obligaciones utilizadas como papel moneda, hay que comprobar que la emisión de las mismas cumplan los criterios que hemos expresado anteriormente o, al menos, la mayor parte de ellos, por lo que es preciso conocerlas físicamente, especialmente, para conocer el tipo de interés al que se emitió y el grado de deterioro.

En próximos artículos describiremos y catalogaremos las obligaciones de algunas entidades que emitieron este tipo de papel moneda no legal.
Autor/a: Ramón Cobo Huici

 

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