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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Moneda española Edad Moderna


La moneda en la Guerra de Sucesión Española (I)

foto La moneda en la Guerra de Sucesión Española (I)



Durante la Guerra de Sucesión se asistió a la presencia de dos autoridades políticas que emitieron moneda simultáneamente. Desde la llegada en 1705 del Archiduque Carlos a Denia y su reconocimiento por los reinos de la Corona de Aragón, la guerra europea -si no mundial- que hasta ese momento se estaba librando, derivó en una guerra civil de diez años de duración, que conllevó asimismo un importante desconcierto monetario. Durante el enfrentamiento, la moneda fue utilizada por ambos contendientes como arma de proclamación de su soberanía y de propaganda política.


La moneda fue, como afirma González Cruz, un instrumento de difusión masiva de la imagen de los dos príncipes en disputa por la Corona de España en los territorios por ellos dominados, demostrando a los súbditos la instauración efectiva del poder de cada uno de ellos, y en los que la posesión de moneda acuñada por los enemigos era considerada un delito. Fue asimismo común que los responsables políticos y los jefes militares de ambos bandos promocionaran las aclamaciones de los príncipes mediante entregas de moneda. La práctica de tirar monedas de plata a la multitud se repitió en numerosas ocasiones, y en la mayor parte de ellas tuvo resultados satisfactorios.

La sucesión de Carlos II

La imposibilidad de tener descendencia del último monarca de la Casa de Austria hizo que su sucesión se convirtiese en un asunto de interés internacional, dado que las principales potencias europeas pugnaron por colocar en el trono español a un miembro de sus familias reales. Tanto el monarca Leopoldo I de Austria como el rey Luis XIV de Francia estaban casados con dos hijas de Felipe IV, y por ello aspiraban a su sucesión. Por el Primer Tratado de Partición, firmado a espaldas de España en La Haya en 1689, se reconoció como heredero al niño José Fernando de Baviera, que gobernaría los estados españoles excepto Guipúzcoa, que pasaría a manos francesas, así como Cerdeña, los Países Bajos y las Colonias Americanas. Se compensaba a Felipe de Anjou con Sicilia, Nápoles y Toscana, y el Archiduque Carlos de Austria recibiría el Milanesado. La prematura muerte de José Fernando hizo que se llegase a un Segundo Tratado de Partición, ratificado el 25 de marzo de 1700, por el que se reconocía como único heredero al Archiduque Carlos, que debía no obstante ceder las posesiones itálicas a Francia.

Carlos II falleció en Madrid el día 1 de noviembre de 1700. Ese mismo año había cambiado su testamento y nombrado heredero universal a Felipe de Borbón, Duque de Anjou, debido a las presiones del monarca francés, del Papa Inocencio XII, de la Curia Romana y del Consejo de Castilla, en contra de los derechos de su propia dinastía, la Casa de Austria. En fecha 16 de noviembre su testamento fue aceptado por el monarca francés, Luis XIV, y oficialmente se hizo la Proclamación del nuevo monarca, Felipe V, en Versalles. La Proclamación del mismo en Madrid se llevó a cabo el día 24 del mismo mes por el Alférez Mayor, el Marqués de Francavilla, pero el nuevo monarca no llegó a la Corte hasta el día 18 de febrero del año siguiente. El día 8 de mayo recibió el juramento de fidelidad de los Procuradores en Cortes en la iglesia de San Jerónimo el Real.

Tras la proclamación de Felipe V en Versalles, en fecha 21 de noviembre de 1700 por medio del Rey Sol se solicitó a varios expertos en heráldica el diseño de las armas del nuevo monarca. En base a las propuestas recibidas, Luis XIV decidió que el escudo de su nieto llevase en el centro el escusón de gules con las armas de Francia de los Anjou, sin consultar a sus súbditos españoles, que simultáneamente habían propuesto que se guardasen los motivos antiguos.

Tras el nombramiento, Luis XIV de Francia reconoció los derechos de Felipe al trono de Francia, en contra de las exigencias de Carlos II en su testamento, y envió un importante contingente de soldados franceses a las plazas de los Países Bajos españoles. Las importantes concesiones obtenidas en el comercio con las Indias, contrarias a los intereses ingleses y holandeses, y la alianza de estos estados con Austria llevaron el 7 de septiembre de 1701 a la creación de una amplia coalición internacional, la Gran Alianza, compuesta por Austria, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, a los que se unieron en 1703 el Ducado de Saboya y Portugal.

El nombramiento de Felipe de Anjou como sucesor del trono español implicaba un cambio radical en el contexto político y comercial de todo el orbe. Posiblemente la parte que más tenía que perder con ello era Holanda, dado que sus relaciones con los Habsburgo españoles habían sido, durante medio siglo y tras el definitivo reconocimiento de su independencia, el pilar central de su hegemonía comercial.

El abastecimiento monetario durante la Guerra de Sucesión: el bando austracista

El gran problema del Pretendiente Carlos de Austria fue la falta de recursos para sufragar las campañas militares y las cantidades que le remitían sus aliados eran insuficientes. Mientras que hasta 1706 abundó la plata, a partir de este año el numerario más importante de su partido pasó a ser el de cuño portugués, los cruzados, que tuvieron curso legal en todos los territorios bajo su control. Asimismo, debió ceder los derechos de las nuevas emisiones a los ingleses para sufragar las deudas con ellos contraídas. De la importancia de este numerario da fe la legislación borbónica posterior tendente a su recogida y retirada, ya desde el año 1707, cuando se prohibió la circulación de la moneda portuguesa en el Reino de Valencia. En 1711 se prohibió asimismo la circulación de toda la moneda acuñada en países enemigos, y la entrega de la moneda de oro y plata portuguesa en las Casas de Moneda por su valor intrínseco. Esta normativa siguió emitiéndose después del conflicto, y a pesar de su reiteración las monedas emitidas por ambos contendientes tuvieron una larga vida.

Las emisiones del Archiduque se realizaron fundamentalmente en Barcelona y consistieron en numerario local, como eran los dineros, ardites y croats, si bien se batieron también reales de a dos de tipo castellano, de gran similitud a los acuñados en Segovia en época de Carlos II. Asimismo, se acuñó moneda propia de los otros reinos de la Corona; dineros aragoneses en Zaragoza, dieciochenos valencianos y piezas de a dos, de a cuatro y escudos en Palma de Mallorca.

Entre los años 1707 y 1715, se asistió a un proceso de extensión de la moneda de los reinos de Castilla en los territorios de la Corona de Aragón, con lo que ello conllevó al uniformar el circulante monetario. Tras la guerra, la implantación de la legislación castellana en los antiguos reinos tuvo su equivalencia en la imposición del sistema monetario de Castilla. Mientras que el numerario de oro y plata castellano habían tenido curso en los reinos orientales de la Monarquía en toda la Edad Moderna y sus monedas propias se habían asimilado a él, estos habían conservado sus sistemas propios en el numerario de vellón.
 
Una de las primeras medidas tomada por Felipe V en materia monetaria fue la orden de que se llevara a labrar un tercio de los metales preciosos de las remesas indianas a la Casa de Moneda de Madrid y dos tercios a la de Segovia, pudiendo los particulares llevar a labrar sus pastas a la Casa de Moneda de Sevilla. Por Real Provisión de 24 de abril de 1704 se establecieron penas para los que comerciaran en la compra y cambio de moneda de plata con interés.

Para saber más:

Joaquim ALBAREDA SALVADÓ: La Guerra de Sucesión de España (1700-1714), Barcelona, Crítica, 2010.
Pedro de CANTOS BENÍTEZ: Escrutinio de maravedises y monedas de oro antiguas, su valor, reducción y cambio a las monedas corrientes deducido de escrituras, leyes y pragmáticas antiguas y modernas de España, Madrid, Imprenta de Antonio Marín, 1763.
José María de FRANCISCO OLMOS: 'Comentarios a una moneda problemática: El escudo de oro de Felipe V (Madrid, 1706)', Gaceta Numismática 160, marzo 2006, pp. 37-46.
José María de FRANCISCO OLMOS: “La moneda como arma política en la Guerra de Sucesión española (1703-1713). El numerario del Archiduque Carlos”, Cuadernos de Investigación Histórica, 24, 2007, pp. 177-231.
David GONZÁLEZ CRUZ: Propaganda e información en tiempos de Guerra, España y América (1700-1714), Madrid, Sílex, 2009.
Jonathan I. ISRAEL: Dutch Primacy in World Trade, 1585-1740, Oxford, Oxford University Press, 1989, reimpresión de 2002.
María Teresa MUÑOZ SERRULLA: La moneda castellana en los reinos de Indias durante la Edad Moderna, Madrid, UNED, 2015.
Antonio Xavier PÉREZ Y LÓPEZ: Teatro de la Legislación Universal de España e Indias, T. VI, Madrid, Imprenta de Manuel González, 1793.
Daniel ROMERO JUNCAL: 'Primer reinado de Felipe V (1700-1724), Borbones, hace trescientos años', Crónica Numismática, enero 2001, pp. 50-54.
María RUIZ TRAPERO: “La reforma monetaria de Felipe V: Su importancia histórica”, VI Jornadas Científicas sobre Documentación Borbónica en España y América (1700-1868), Madrid, 2007, pp. 383-402.
Rubén SÁEZ ABAD: La Guerra de Sucesión Española, 1702-1715, Madrid, Almena, 2007.
Javier de SANTIAGO FERNANDEZ: “Legislación y reforma monetaria en la España Borbónica”, en VI Jornadas sobre Documentación Borbónica en España y América  (1700-1868), Madrid, 2007, pp. 403-436. 

Pedro Damián Cano Borrego


 

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