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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Moneda romana


De serpientes, dragones y denarios

foto De serpientes, dragones y denarios foto:



Un elefante pisoteando ¿una serpiente? ¿un dragón? ¿Qué representa en realidad el conocido denario de César? A pesar de las descripciones más difundidas, se trata sin duda de un carnyx celta, una iconografía que alude directamente a la victoria de César sobre los galos. 


En la República Romana, el siglo I a.C., y más en concreto su segundo tercio, constituye en términos numismáticos un momento crucial en el que se van a producir los cambios que conducirán, enmarcados en un proceso mucho más amplio, a la desaparición de la institución republicana y a la creación del sistema monetario imperial bajo Augusto. 

Es sabido que a lo largo del siglo se había ido produciendo una proliferación de la propaganda emitida en las monedas, cada vez más cercana a las actividades y figuras de los principales personajes de la República; la estatua ecuestre de Sila representada en la conocida emisión de oro sería el mejor ejemplo del comienzo de este proceso. 

Este camino tendrá un momento álgido en los años del primer triumvirato, la Guerra Civil y el comienzo del Segundo triumvirato; en ellos se va a desarrollar la mayor y más espectacular serie de propaganda personal registrada en las monedas por todos los personajes involucrados que nos ha legado algunas imágenes de una riqueza conceptual excepcional como el denario de Bruto y con su reverso alusivo a los Idus de marzo (RRC 508/3), por ejemplo.

Sin embargo, es de justicia reconocer que será Julio Cesar quien haga un uso espectacular de la moneda como elemento de propaganda personal recurriendo a una amplia gama de imágenes que oscilan desde la publicidad de sus triunfos militares, pasando por sus funciones religiosas, hasta su política de clemencia. Dentro del primer grupo, el de sus triunfos militares, se encuentra una serie muy conocida, el denario con atributos sacerdotales en el anverso y elefante pasante a derecha pisoteando un animal en el reverso (RRC 443).

La fecha de esta moneda, 49-48 a.C., es muy clara y su vinculación con la victoria de César sobre los galos de Vercingetorix parece evidente; sin embargo la cronología que le atribuye D. Sear y su relación con la campaña de Hispania contra los hijos de Pompeyo, la aleja del triunfo galo y la circunscribe a un ejercicio de propaganda previo a la citada campaña hispánica.

El motivo del presente estudio no es discutir sobre la fecha de la moneda, sino realizar una pequeña precisión sobre el motivo del reverso que viene siendo descrito, de manera tradicional y repetitiva, como “Elefante pisando serpiente”. La escuela inglesa lo viene haciendo de forma sistemática y así lo podemos ver en el clásico repertorio de Sydenham, quien lo describe como Elephant rigth, trampling on a dragon; in ex. CAESAR; pocos años después Sutherland mantiene la descripción, en versión francesa, de éléphant piétinant un dragon, a la que añade las explicaciones pertinentes de relacionarla, como se ha dicho con la campaña en Hispania de 49 a.C., y su posible emisión en las provincias galas, considerando que el elefante representa a César y su ejercito, mientras que la serpiente sería la oposición. Descripciones semejantes encontramos en Crawford -elephant trampling dragon- y Sear.

A pesar de lo expresado por los mencionados autores nos planteamos una duda sobre esta interpretación que ya hemos avanzado en otro momento (Cat. J. Vico 27/03/2003, nº 12, pp. 16). En contra de la consideración de la serpiente como factor maligno, resulta curioso que en la moneda romana no se encuentra a los ofidios bajo dicha óptica, por no mencionar en la moneda griega, salvo por la utilización de la imagen de Herakles niño estrangulando a las serpientes, o la aparición de la representación de la cista mística con Augusto, en época posterior. En algunas manifestaciones del culto romano, como el de Bona Dea, las serpientes formaban parte de él y eran alimentadas y cuidadas. Por ello consideramos que no necesariamente conllevan un estigma de animal despreciado o sinónimo de maldad o enemistad cuyo ethos podría transferirse al “enemigo” de forma genérica.
 Desde otro punto de vista, se debe tener en cuenta que siempre que se representan serpientes en las monedas, aparecen bajo una forma plástica fácilmente reconocible, por decirlo de manera gráfica, retorciéndose o enroscadas, nunca rígidas y estiradas en una imagen plástica bastante lógica.
Así, sin ser exhaustivos, se puede ver una larga secuencia de tipos en los que aparecen serpientes, 

ya sea a los pies de Ceres (RRC 427/2), detrás y delante de Juno Sospita (RRC 379/1-2 y 412/1), 

Minerva (RRC 476/1), alimentada por niña o mujer (RRC 472/3), bajo toro al galope (RRC 69/5 y 72/7), 
 

enroscadas en columnas, trípodes y báculos (RRC 385/5 y 442/1), tirando de la biga conducida por Ceres (RRC 385/3), en silla curul (RRC 491), a los lados de la cista mística o con Medusa, claro (RRC 453/1). Al margen de que su presencia en multitud de actividades religiosas del mundo romano refuerza lo dicho anteriormente sobre su consideración no esencialmente maligna, en todas ellas las imágenes de las serpientes adquieren el aspecto normal, sinusoide, de estos animales.
 



Por ello creemos demostrado que lo que queda debajo del elefante mencionado no es una serpiente, y lo mismo podría decirse de la acepción de dragón, animal algo más raro y escaso en la iconografía romana. Así puede verse en los citados estudios de Sydenham y Crawford que en el índice de tipos sólo aparece una entrada para “dragon”, la de esta moneda de César.

Por lo tanto sólo queda volver a la imagen original, el objeto que pisotea el elefante, para comprobar lo que parece ser un pequeño detalle olvidado y es el hecho de que consiste en un astil o larga pieza rectilínea de la que, en su tercio superior, aparece la cabeza del animal representado (que ostenta un par de cuernos) y un cuello marcado de forma clara, en un arco hacia la cabeza del elefante, continuando el astil recto casi hasta la gráfila de la moneda. 
Puesto que no es una serpiente ni un dragón creemos que no se trata de un animal real o mítico, sino de algo mucho más sencillo, prosaico y plenamente imbricado dentro de la propaganda cesariana: se trataría de un carnyx celta.         
 
 
 
 

 
El carnyx era la trompa celta de metal utilizada como instrumento musical y, parece natural, como emisor de señales en el combate. Que su sonido pudiera asustar al enemigo no parece demostrado, pero cumpliría  las mismas funciones que las tubas romanas; aunque su tamaño las hacía aparecer a una altura notable por lo que, no es descabellado pensar que también servirían como punto de atención. Por ello parece clara su vinculación con el aspecto guerrero de la sociedad celta. Aunque no se han encontrado apenas restos de ellos, -uno de los rarísimos ejemplares conservados es el carnyx de Deskford (Escocia)- su iconografía es muy abundante, sobre todo en   documentación romana, pero también en el conocido caldero de Gundestrup en el que se representa un cortejo de guerreros.
       Además la presencia sistemática de estos instrumentos en los trofeos romanos sobre pueblos celtas respalda su función como enseñas o estandartes del vencido y, por tanto, la importancia de la apropiación física (y simbólica) de dichos emblemas del enemigo por el vencedor; al respecto véase RRC 450/1, 452/2 y 468/2 por ejemplo.
 



 Por todo ello, creemos que es más aceptable la definición de estandarte celta o carnyx que no la de serpiente, ni mucho menos dragón, para estas monedas de César, en cuyo caso la carga ideológica del mensaje de victoria que está presente en estas monedas, acorde con el momento histórico que se les atribuye, queda aumentada.  
Referencias:
 E. A. Sydenham, The Coinage of the Roman Republic, Londres 1952.
 C.H.V. Sutherland, Monnaies romaines, L'Univers des Monnaies, Friburgo, 1974.
 M. Crawford, Roman Republican Coinage (RRC), Oxford, 1974.
 D.R. Sear, Roman Coins and their values  Millenium Edition 2000.

Alberto J. Canto García es profesor titular de Arqueología y Numismática de la Universidad Autónoma de Madrid


Autor/a: Alberto J. Canto García

 

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