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Revista digital publicada por la Asociación Española de Numismáticos Profesionales

Moneda griega


Cuando Egipto fue romano

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La moneda greco-imperial de Alejandría es una de las series romano-provinciales más duraderas y prolíficas. Continuadora, por una parte, de las emisiones ptolemaicas, se unen en ella dioses egipcios representados al modo griego con los emperadores romanos. La economía cerrada y estrictamente controlada de la provincia de Egipto contribuyó a la perduración de esta singular amonedación.


            Cuando Roma convirtió Egipto en una provincia más del Imperio, se encontró con una organización social y económica muy evolucionada, así como con una economía altamente monetizada especialmente en Alejandría, la capital, y en otras ciudades importantes. El sentido práctico de los romanos les hace alterar ese esquema lo menos posible, empezando por la figura del emperador que pasa a ser un sucesor de los soberanos ptolemaicos y, en último término, de los faraones, con poder de origen divino y control de la tierra y de sus cosechas.

            De este modo, la provincia de Egipto tuvo siempre un rango especial, ya que dependía directamente del emperador, e incluso los senadores debían solicitar su permiso para entrar en ella. Este estricto control imperial favorecía los intereses de Roma sobre los principales recursos del país: el comercio, especialmente el que tenía como centro el populoso y estratégico puerto de Alejandría y la riqueza agrícola, que hizo de Egipto uno de los principales graneros de Roma. Se configura una economía cerrada en la que no circula la moneda exterior, ni siquiera el denario, que se asimila en valor a la tetradracma alejandrina.

            El sistema monetario de Alejandría se estructura en torno a dos metales: bronce y plata, o, más estrictamente, vellón, ya que el contenido en metal precioso no superó nunca el 30%. La única denominación acuñada fue la tetradracma, con una breve excepción durante el reinado de Claudio I cuando se acuñaron también dracmas y didracmas, aunque sin éxito. El sistema del bronce es muy controvertido, ya que carece totalmente de marcas de valor, aunque se distinguen, al menos, cinco denominaciones, cuya equivalencia con los sistemas griegos o romano desconocemos. Augusto comenzó emitiendo una serie de valores marcados con letras griegas que continuaban la tradición ptolemaica, pero pronto se cambió por otros que parecían adaptarse al sistema romano, aunque sin marcas ni equivalencia clara.

            Quizá la característica más representativa de la amonedación greco-imperial de Alejandría sea su forma de datación, que consiste en el signo demótico L, que significa año, seguido del año del reinado del emperador que ordena la emisión con la numeración expresada en griego. Así, LA (alfa) significa “año 1”, LB (beta) “año 2”, y así sucesivamente. También hay que tener en cuenta que el año alejandrino comenzaba el 30 de agosto, en concordancia con los ciclos del Nilo, lo que nos permite fechar algunas series con precisión de meses, por ejemplo, las emisiones del año 1 de Vespasiano -–LA- se fechan entre julio y agosto del año 68, ya que sabemos por las fuentes que fue proclamado emperador en Alejandría el 1 de julio y el 1 de septiembre empieza el año nuevo, y las monedas con datación LB.

            Pero lo que sin duda hace más atractiva esta amonedación es la riqueza de su iconografía en la que se combinan, de una parte, las tradiciones egipcias y ptolemaicas, y de otra, la imagen imperial gestada desde Roma. Así, durante tres siglos de monedas, vemos desfilar dioses egipcios, divinidades sincréticas creadas por los Ptolomeos, personificaciones al más puro estilo romano, animales mitológicos y reales, tipos arquitectónicos, etc. etc. La relación es larguísima y no podemos sino comentar algunos ejemplos ilustrativos.

            En las primeras emisiones realizadas por los emperadores romanos en Alejandría es visible la influencia de las series monetales ptolemaicas, uno de cuyos tipos más característicos era el águila. Se trata del animal más representado, con diferencia, en las monedas de Alejandría, ya que enlaza perfectamente con las tradiciones romanas; de hecho, a partir del siglo II, va pasando progresivamente a convertirse en el águila legionaria. En esta pieza de Nerón, del año 11 de su reinado (65-66 d.C.) podemos ver esta ave acompañada de una palma y un símpulo.


            Muy pronto también se deja notar en la moneda la concepción divina que se tiene en Egipto del emperador. Claudio I acuña diversas series en las que sus esposas aparecen representadas como Deméter, la diosa de la agricultura. En este caso, vemos a Messalina, efigiada como la diosa griega, de pie y sosteniendo en una mano un ramo de espigas y en la palma de la otra, a sus dos hijos, Octavia y Británico. Estas emisiones tienen el mismo significado propagandístico que las realizadas en Roma por la misma época con la leyenda ANNONA AVGVSTI, pero en este caso se acentúa el papel primordial que tiene la agricultura para la economía egipcia, además de la alusión a la fecundidad de la emperatriz y la clara asimilación con la divinidad de los miembros de la familia imperial. Según algunos autores, esta emisión se relaciona con la sequía que sufrió Egipto bajo el reinado de Claudio y que se quería paliar mediante la mediación de la familia imperial.


            Esta misma tendencia a la divinización imperial es visible en las amonedaciones de Nerón, las más abundantes en plata de toda la emisión alejandrina. El emperador no duda en representarse radiado o con la égida de Zeus. La moneda que estamos viendo pertenece a la serie acuñada en el año 13 de su reinado (66-67 d.C.) que rememora el viaje del emperador por Grecia recorriendo los más importantes santuarios y festivales del Peloponeso. En su periplo tenía proyectada una escala en Alejandría, que finalmente no se realizó, pero a la que alude esta moneda con la galera en la que efectuó el viaje acompañada de la leyenda en griego SEBASTOFOROS “la que lleva al emperador”.


            Los excesos de Nerón terminaron con su caída y derivaron en el caos político que fue el año 68 de la era. Entre los cuatro emperadores que reinaron entonces, Galba es el que más acuña en Alejandría, con tipos tan originales como el de Eleutheria, la libertad, aludiendo a la liberación del pueblo romano frente a los tiranos.


            Los temas elegidos por la dinastía julio-claudia enfatizando la divinidad de la familia imperial son sustituidos por Eirene (la paz), Kratesis (el dominio de Roma) o las personificaciones de Roma y Alejandría, esta última tocada con la piel de elefante. La moneda que estamos viendo se fecha, como explicamos antes, entre julio y agosto del año 68 d.C.


            La variedad tipológica en la amonedación alejandrina irá aumentando durante los reinados de los flavios, pero especialmente con los antoninos, además de favorecer la acuñación de bronce en distintos valores, especialmente en grandes módulos que favorecen la representación de complejas escenas y detalladas imágenes arquitectónicas, que veremos más adelante.

Isabel Rodríguez Casanova

Autor/a: Isabel Rodríguez Casanova

 

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